¿Cuándo fue que dejamos de vernos?

¿Cuándo fue que dejamos de vernos,
de mirarnos con amor y ternura?
¿Qué tormenta nos arrastró al silencio,
qué abismo se abrió entre nuestras cinturas?
¡Cuánto tiempo ha pasado desde entonces,
desde aquellos días de luz y alegría!
¡Cómo cambia el destino de las personas,
cómo se marchita el alma día a día!
Las primaveras de nuestras miradas
se convirtieron en inviernos crueles,
y los amaneceres con dolor
alargaron las noches sin querer.
Nuestro amor murió como la mariposa
que vive un instante y luego se va.
Ya no nos reconocemos en el otro,
ya no somos los mismos de ayer.
Tras décadas de luchar
y sufrir,
fuimos bendecidos con dos milagros:
dos nuevas raíces del árbol
que plantamos con amor
y esfuerzo.
Hoy crecen, pero están siendo dañados
por nuestro egoísmo y nuestro error.
Ellos no tienen culpa de nada,
ellos son lo mejor de los dos.
Creo que por su bien y por el nuestro
lo mejor es cortar por lo sano.
Que cada uno siga su camino
y seamos felices por separado.
Tal vez debimos hacerlo antes,
antes de que todo se derrumbara.
Con amarse, mi vida, no basta,
y yo ya estoy agotado de luchar.
Ninguno somos felices juntos,
y nuestras raíces merecen más.
Prefiero que los salvemos a tiempo,
que crezcan sanos, fuertes
y en paz.







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